En el inmenso muro del silencio -oscuridad y caos primigenios- se abren los recuerdos, pequeñas grietas por donde vislumbramos la breve luz de la vida, esa breve luz que nos alumbra y nos conduce, en viaje de ida y vuelta, desde la nada (¡otra vez!) hasta el olvido, es decir, a la nada nuevamente?La vida es breve, es cierto, pero en su brevedad nos ofrece regalos infinitos: la generosidad de los buenos amigos -no hay tesoro mejor que un pequeño puñado de amigos verdaderos-, la fogosa pasión, el deseo, los remansos del amor, la risa, el llanto ?no demasiado frecuente, si es posible- y la memoria -siempre-, el insomnio y los sueños, la esperanza y los libros?
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