No pocas de las actitudes creativas que el cinéfilo español, de arraigada baja autoestima, ha admirado en la tradición moderna francesa (la escritura apasionada como otra manera de ser cineasta, la programación de películas como gesto revelador emparentado con las dialécticas del montaje) las encarnó durante los años setenta y ochenta José Ignacio Fernández Bourgón, un inquieto joven madrileño que dejó su sello, tan inconfundible como secreto, en un puñado de cabeceras de prensa especializada y en los ciclos de una pequeña sala de cine. Su muerte prematura y los estrechos vínculos con la generación anterior (la de los Drove, Oliver, Marinero?) desdibujaron un destino y un legado que, sin embargo, refulgen de manera especial a ojos de cinéfilos actuales, a los que sorprenderá la escritura pionera de Bourgón sobre algunos cineastas hoy incontestables, pero casi invisibles hasta hace bien poco entre nosotros: Oliveira, Straub/Huillet, Duras, Kramer, Van der Keuken, Van de Staak, Schroeter, Akerman?, autores y películas capturados en un estilo inédito, inimitable, que arriesga en lo formal, atiende a lo político y planifica el encuentro con el espectador futuro.
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