Durante los siglos XII y XIII, el puerto de Palma era un espacio en evolución con dos sectores bien diferenciados: el del tránsito de personas y mercancías, y el de la construcción naval. Por una parte, almacenes, talleres de oficios y alhóndigas particulares cubrían las necesidades portuarias y mercantiles, por otra, la atarazana regia y sus murallas, en sintonía con lo civil, completaban un litoral volcado al mar. Contribuyeron a su desarrollo las mujeres ?bien como propietarias de inmuebles, bien como proveedoras de material náutico? y los genoveses a sueldo de los reyes de Mallorca, esenciales en la organización y puesta en marcha del entramado portuario. Este libro expone los múltiples aspectos del «muelle del mar», el epicentro económico de la ciudad de Palma, donde mercaderes cristianos, judíos y musulmanes convivieron y negociaron haciendo de Mallorca un enclave determinante en las rutas comerciales del Mediterráneo occidental.
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